jueves, 24 de diciembre de 2009

OUT OF THE BLACKOUT (ROBERT BARNARD)

“Surely gravestones held the highest proportion of written untruths, outside the popular press”

Out of the blackout

Robert Barnard

Diluvia por aquí y no se me ocurre mejor manera de ocupar el tiempo hasta la hora de la cena que tumbarme en el sofá bajo unas cuantas mantas y con una buena novela de misterio. Sir Arthur Conan Doyle, Agatha Christie o Dorothy L. Sayers son nombres más que recomendables para este plan, aunque no he venido aquí hoy a hablarles de ninguno de estos tres titanes, sino de Robert Barnard, que sin ser un clásico del género escribió una más que notable y entretenida novela de misterio de estructura clásica, Out of the Blackout.

La novela se abre de forma modélica en 1941 en una pequeña estación de tren de la campiña inglesa, adonde llega un grupo de niños que huyen de la trampa mortal en la que se ha convertido Londres por causa del Blitz. Entre ellos viaja Simon Thorn, un misterioso niño de cinco o seis años, apodado por sus compañeros the boy from nowhere, que apenas recuerda nada de su vida londinense. No recuerda o no quiere hacerlo, lo que no es de extrañar; pues a tenor de las pesadillas que de él se apoderan en sueños, es más que probable que el tímido, educado e inteligente Simon se subiera a aquel tren para escapar de algo más que los bombardeos.

Lo que sigue, por supuesto, es el ágil y bien hilvanado relato del intento de casi toda una vida -la de Simon- por saber qué ocurrió en Londres durante sus primeros cinco años de vida; por salir del apagón, vaya, como reza en el programático título. Y como en toda novela de misterio que se precie, Barnard distribuye alguna que otra pista falsa por aquí y por allá pero también una o dos anticipaciones que nos dejan intuir que el primer cierre de la novela no es tal y que los malos malísimos de esta historia no lo son sólo por brutales, cobardes y ruines, sino también por egoístas, autoindulgentes, amorales y hasta me atrevería a decir sociópatas. Tan sólo un pero le pondría a esta novela. Le sobra página y media. La coda final sirve únicamente para restarle verosimilitud y rotundidad al conjunto, pues anagnórisis como esas –y hasta aquí puedo leer-, muy empleadas en el teatro clásico griego, se entienden hoy en día tan sólo como parodia.

Pese a este resbalón, Vds. lean. Si la encuentran, lean. Como mínimo, entretendrán de la mejor manera posible unas cuantas tardes de lluvia.

Y, por cierto, tengan Vds. una más que Feliz Navidad.

No hay comentarios: